Desarrollo Forestal dialogó en exclusiva con Juan Sackmann Sala, director ejecutivo de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP). Sackmann Sala fue uno de los oradores en la jornada que ConFIAr organizó el 21 de julio en el salón Nogal de La Rural. “El papel, además de ser reutilizable, es reciclable y también puede ser biodegradable (…) Y el papel es ampliamente reciclado, hace muchos años. Energéticamente no tiene grandes problemas y eso asegura la circularidad”, afirmó.
Sackmann Sala dijo en La Rural, al disertar sobre “Celulosa y papel. Sustentabilidad como estrategia”:
– “Quiero proponer pensar en economía circular. Tenemos materias primas sostenibles, un proceso de fabricación que es ecológico, hay un proceso de reciclado muy importante. Y lo que no se llega a reciclar es biodegradable;
– “En Argentina el 85 por ciento del papel que se usa en cajas se vuelve a usar.
El uso de papel de embalaje es casi el 70 por ciento del uso de los papeles que tenemos en Argentina”.
– La idea es hablar de la industria de celulosa y papeles, incluidos para envases y embalaje, como parte de la cadena de valor foresto industrial de Argentina.
– En el primer semestre de 2026 contra el mismo período de 2025 hemos registrado un crecimiento moderado, sobre todo en los sectores de papeles para envases.
Este sector está creciendo, por un lado, porque hace un esfuerzo de exportación de los papeles, y por otro lado, porque están creciendo las exportaciones de productos que necesitan estos papeles, como proteínas.
También está creciendo la demanda en el sector frutas y en el de fármacos. Después hay otros sectores del papel que compensan, al estar más relegados.
– Imagino que los mercados de impresión, folletería y papel para diarios deben estar bastante deprimidos.
– Sí. El año pasado uno de los fabricantes importantes en Argentina (NdR: Celulosa Argentina) tuvo un proceso de reestructuración, por lo que no produjo por un par de meses y creció la importación. Y hoy esa importación sigue siendo relativamente alta.
– Mencionaste en tu presentación en La Rural que la industria celulósico papelera apunta más que nunca a sustentabilidad y a economía circular.
– Sí, es correcto. Yo resalté que el papel, además de ser reutilizable, es reciclable y también puede ser biodegradable.
El papel, a diferencia del plástico, el aluminio o la hojalata en el uso de envases, en el caso de que quede dando vueltas y no lo podamos capturar en el sistema de reciclado tiene un impacto mucho menor en el ambiente.
Eso es algo que está en nuestra base constitutiva de la forestoindustria y es algo que hay que resaltar. Y el papel es ampliamente reciclado, hace muchos años. Energéticamente no tiene grandes problemas y eso asegura la circularidad.
Hablamos de que el árbol empieza su círculo virtuoso porque captura el carbono a medida que crece. Después se transforma en un producto donde el carbono queda capturado, sean muebles o libros, pero también tenemos usos como los envases, que son altamente reciclados.
Tanto sea para volver a constituir una caja marrón para embalaje o para la elaboración de maples de huevos, por ejemplo. Ése es el foco que nosotros ponemos cuando hablamos de circularidad.
– Sobre todo porque la industria tiene siempre una imagen ambiental negativa, a pesar de que quizás sea una de las industrias con mayor captura de carbono y sustentabilidad. Cuando se hablaba de que las empresas celulósico papeleras vertían efluentes químicos a los ríos alguien de la industria me explicó que esas fábricas no podían ser económicamente viables si no recirculaban y volvían a aprovechar todos productos químicos que se utilizaban en el proceso de producción.
– Qué interesante tu pregunta. Dos cosas: una, la mala prensa creo que viene porque a alguien que no conoce le muestran una imagen de una persona cortando un árbol.
Pero no le explican que ese árbol fue plantado para eso y que es el equivalente a la Pampa Húmeda, donde se siembra para cosechar. Un ingeniero agrónomo me explicaba que el árbol cuando crece transforma el dióxido de carbono que está en el aire en su madera, por así decirlo.
Pero una vez que llega a su tamaño máximo después respira y es un ser vivo más, y consume oxígeno. Ésa es la parte interesante. Y dos, también hay una referencia al proceso productivo.
En verdad, nosotros usamos mucha agua. Uno de los cambios tecnológicos que se han hecho es recircular el agua. Es por una cuestión de eficiencia, que hace que no se tengan que tratar el agua para tomar y el agua para descartar.
Y siempre que hablamos de ahorrar energía también estamos pensando en sustentabilidad. Y también hay procesos químicos, como cuando hay que hacer la celulosa a partir de la fibra virgen, que usan los químicos y después los recuperan.
Porque, si no, las empresas se fundirían. Después, todas las plantas tienen tratamiento de agua para asegurarse que el agua que vuelve tenga las condiciones adecuadas.
También, por ejemplo en el caso de la planta de ARPulp, me contaban que tiene la particularidad de que está en un caudal de agua donde ellos toman el agua en un punto y después la devuelven aguas río arriba de donde la toman.
Yo creo que se hace para poder llevar tranquilidad a la gente que convive con estos procesos industriales.
– Me interesaba dialogar sobre estos puntos porque se va a montar la planta de ARPulp en Corrientes y va a generar un movimiento interesante para el sector. Y a la vez va a haber que comunicar a la sociedad más eficientemente de lo que se hizo ahora. Destacaste en tu charla que el 85 por ciento del papel para embalajes que se utiliza en Argentina es reciclado.
– Uno de los temas en Argentina es que las fábricas de papel para hacer cajas utilizan, casi todas, papel reciclado. La única excepción es Papel Misionero, que fabrica papel a partir de fibra virgen.
Ellos tienen la posibilidad de generar papel para hacer cajas como las de frutas, que necesitan papel de fibra virgen. Y la otra excepción es Papel Prensa. Pero todas las demás empresas utilizan papel reciclado.
Certificación
– Hay en Argentina más de 380.000 hectáreas certificadas. Sumado al alto porcentaje de uso de papel reciclado, ¿nos da alguna ventaja competitiva respecto del nuevo reglamento europeo sobre el tema? ¿Nos permite mayores posibilidades de exportar este tipo de productos a Europa?
– Dos cosas. Las empresas que tienen sus casas matrices en los países centrales, sobre todo en los europeos, tienen que certificar el origen de las materias primas con las que trabajan. Ahí se demostró la importancia de la certificación.
Las certificaciones marcan si vos tenés una forma de producir sustentable, pueden garantizar que hay una trazabilidad del producto y eso existe para las dos corrientes. Existe para la certificación de bosques y también existe para la certificación del reciclado.
Se hace un distingo porque el reciclado puede provenir de dos orígenes: del origen de calle, que viene de las casas, o también porque se produce con “scrap”, las partecitas que se recortan durante el proceso de fabricación.
Ésas están en la base de la última legislación de lo que pide Europa respecto de los envases que lleguen a Europa. Eso es una ventaja comparativa. Porque nosotros, como abastecedores de una cadena de alimentos, por ejemplo, debemos garantizar que esos productos lleguen bien y que no tengan un reclamo por el origen del envase. La trazabilidad y la certificación son un “must” (deber), pasa o no pasa.

– Lo quería destacar porque nos da un posicionamiento diferente dentro de un sector que, por ahora, está regido por comodities.
– Exacto. Todo lo que sea agregación de valor es bienvenido. Es así, la certificación va a garantizar que nuestros productos tienen un origen comprobable y en el que se hacen las cosas bien.
Porque las certificaciones también incluyen situaciones de trabajo digno. Y otra de las regulaciones en las que están trabajando se llama EUDR y está referida a que la madera no tenga un origen en una zona que haya sido deforestada.
Ahí aparece la articulación entre público y privado. El Estado puede garantizar con mapas actualizados dónde opera cada empresa, dónde hay bosques nativos.
Yo creo que en ese aspecto estamos bien ordenados y tenemos una ventaja que deberíamos explotar.
– Con la inversión proyectada de ARPulp en Corrientes para producir pasta fluff, según fuentes de la empresa, se podría revertir la balanza comercial negativa que históricamente muestra el sector foresto industrial, incluidos celulosa y papel. Siempre hemos sido deficitarios y esa planta, con la capacidad que va a tener, podría llegar a abrir mercados para el papel y cartones en Europa.
– Hay que hacer un distingo ahí. La planta está pensada para poder ser flexible. La celulosa tiene precios variables y la flexibilidad es un gran activo en el diseño de esta planta. Y lo otro es desde el punto de vista de las divisas.
Si me paro como ministro de Economía puedo evaluar cuántos dólares salen del país y cuántos entran, pero no siempre es posible cubrir todas las posibilidades de lo que se necesita.
Por ejemplo, para fabricar cajas para frutas o para exportar proteínas en general las cajas que se van a trasladar en un contenedor refrigerado tienen componentes que se fabrican en Argentina y otros, no.
Pero lo importante es que lo que yo estoy vendiendo tenga mejor precio y sea mayor la plata que ingresa al país que la que sale. Ése es el punto bien importante.
Es lo que hace que todas la industrias en general, que necesitamos inversiones, tengamos un flujo de dólares que nos garantice que no nos quedemos sin plata.
Que no esté el problema de falta de dólares, que la economía no se frene porque no se puede importar.
– Yo me refería más que nada a que esta planta va a ser un motor…
– Exacto.
– …para exportar y donde tiene que haber otras industrias que vayan detrás. Y que los papeles para embalajes sean uno de los productos que vayan de la mano de esta planta que va a ser tan importante.
– También hay sinergias. En los procesos productivos hay partes del árbol que a unos les sirven más y a otros, no. Para ser muy burdos, el que cosecha un árbol para hacer una tabla necesita que tenga una dimensión determinada.
Y de la parte alta del árbol, cuando se hace muy finito, no puede sacar tablas adecuadas. Y esa parte del rollo se la puede llevar la celulosa y hay aprovechamientos de ese tipo. Eso está en los planes y genera sinergias.
Cuando se dice sinergia se hace referencia a costos que se evitan o economías que aparecen porque se produce de otra forma.
– En este marco, ¿cómo incide para el sector el acuerdo entre Mercosur y Unión Europea? ¿Qué beneficios puede traer?
– Todo lo que sea para Argentina, como miembro del Mercosur, la posibilidad de acceder a mercados serios del llamado Primer Mundo, que son los que tienen los mejores precios, en beneficioso. Para todos los productos.
No solamente la venta de papel en sí, sino de otros productos relacionados. Yo siempre cito el caso de los embalajes. Por ejemplo, tenemos el caso de que se abrió el mercado de Estados Unidos para la carne, que va en una bolsita y en una caja.
Esos son los lugares en los que crece. Eso es así. En la medida que Argentina pueda desarrollar esa fortaleza de abastecer al mundo genera mucho trabajo hacia adentro, y genera mucho valor hacia adentro y muchas posibilidades.
Y el mercado común europeo es un mercado de altos ingresos. Es un mercado más exigente pero que me va a pagar mejor el producto.
Ése es el desafío. Y está asociado a Brasil, que es una gran locomotora del Mercosur y tiene muy desarrollados estos tipos de negocios. Nosotros podemos engancharnos en eso y también evitar nuestra curva de aprendizaje.
Si ya tenés un socio que hizo su negocio y está trabajando, hay que hacerlo.
– Hemos hablado de muchos temas. ¿Quisieras agregar algo?
– Agradezco la posibilidad de poder llegar a la gente para explicar que no somos los malos de la película. Lejos de eso, estamos haciendo un trabajo muy importante para que el dióxido de carbono sea capturado y sea capturado de una forma inteligente.
Y Esté en los productos que nos acompañar a diario y lo hacemos de manera sustentable. Poder explicar eso para nosotros es muy importante. La experiencia de UPM (ex Botnia) nos enseñó que, por un lado, los lugares donde se están instalando estas planta industriales son lugares donde hay cultura de madera.
Ése es un cambio importante. El lugar en el que se instaló UPM era a la vera de un río y frente a una localidad, del otro lado del río, que tiene atractivos turísticos.
Hay una tensión ahí. Ahora que ha pasado el tiempo la gente hizo su aprendizaje. Se trata de enseñar.
Leer: Mercado de carbono: oportunidades y la búsqueda de una ley
Foto: Desarrollo Forestal (Enviado Especial a La Rural porteña).
















