Un documento al que tuvo acceso Bichos de Campo realiza un crudo balance del retiro voluntario de personal del INTA que finalizó el 10 de junio pasado, y que para el gobierno representó todo un éxito mientras que para los que quieren ese organismo tecnológico representó un duro golpe, con dudas muy serias de cómo continuarán las cosas a partir de ahora. Fuente: Bichos de Campo.
En principio, la información dirá que se presentaron al retiro un total de 920 agentes del INTA, aunque de ese total solo 897 están en proceso final de ser aceptados. Mejor dicho, 757 ya fueron aprobados (son las listas que publicó este medio días atrás), en tanto que quedan 52 personas a consideración del Consejo Directivo.
Esta instancia debe analizar los casos porque reclaman que se les reconozcan en el cómputo del retiro, además de los años que trabajaron en relación de dependencia, los que lo hicieron como personal “provisorio”. En su última reunión, ese cuerpo colegiado rechazó esa posibilidad.
Las autoridades del INTA capitaneadas por el productor Nicolás Bronzovich dirán que los 897 retiros concretados o por concretarse representan nada menos que 18,2% de la planta original, conformadas por 4.978 agentes.
A eso debe sumársele otras tantas personas que fueron dejando el INTA desde que asumió el gobierno de Javier Milei, ya sea por el primer retiro que logró 300 adhesiones en 2024, por jubilaciones, o simplemente por cansancio o temor a los despidos.
Además, las autoridades dirán que el procedimiento fue todo un éxito, con 33 adhesiones por día hábil al retiro voluntario, un ritmo vertiginoso.
Pero quienes están tristes por esta sangría de recursos humanos, cabeza gacha, dirán que los que se fueron llevaban toda una vida dentro de la institución, con 18,3 años de antigüedad en promedio, y una edad también promedio de poco más de 53 años.
El gobierno, en esta información hacia el interior del INTA, destacó en 149 casos, los que dejaron su ubicación ejercían cargos jerárquicos, lo que seguramente obligará a una reformulación de tareas en muchos casos o ceses de líneas de investigación en otros. Dejaron sus sillas vacantes el 15% de quienes tenían alguna responsabilidad institucional.
Así las cosas, se fueron nada menos que 4 de los 15 directores de los Centros Regionales en que está dividida la institución, 8 de los 28 cargos gerenciales dentro de la dirección nacional del INTA, 8 directores de las 51 Estaciones Experimentales, 44 de los 258 jefes de Agencias de Extensión Rural, y nada menos que 78 de los 203 coordinadores de área.
Es decir, una verdadera sangría. En algunas localidades ni siquiera quedó gente para abrir la puerta de las oficinas.
Detalle por provincias
Por provincias donde prestaban sus funciones, los agentes del INTA que se retiraron pertenecían sobre todo a Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. Pero además, con tonalidades más oscuras en el mapa de nuevo INTA enflaquecido, quedan las provincias de Mendoza y Río Negro.
Como si fuese un jueguito la presentación de un plan de negocios, las autoridades de INTA también mostraron el impacto que este tan discutido proceso tendrá sobre las Estaciones Experimentales, el corazón de la investigación en nuevas tecnologías agropecuarias.
Allí hay dos grandes perdedoras, las EEA Balcarce, con 42 bajas en su persona, y la EEA Manfredi (Córdoba), con 34 bajas. Son dos de los más respetados centros de investigación y quizás los que ostentan la mayor cantidad de lauros académicos y científicos.
También resentidas quedarán las experimental de Rafaela, en Santa Fe, cuyo fuerte es la lechería, la de Alto Valle de Río Negro, cuyo acento está puesto en la fruticultura; la de Cerro Azul en Misiones, con énfasis en los cultivos regionales como el té y la yerba; la de Saénz Peña en el Chaco.
Histórica unidad de INTA se quedó sin personal tras el retiro voluntario y su futuro es incierto
INTA, tal como lo conocíamos, ya no existe. El plan del gobierno Nacional para reducir drásticamente el organismo se demoró, pero al final tuvo éxito.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria vive por estos días sus horas más dramáticas, ya que investigadores y trabajadores están siendo testigos privilegiados de un proceso que desearían no haber presenciado.
La fisonomía del organismo está cambiando, con un par de miles de trabajadores menos, y por consiguiente, agencias que cierran o que corren riesgo de desaparecer.
En los últimos días, luego de un intento de desguace que llevó años y que fue impedido por dos de los tres poderes del Estado Nacional, tuvo éxito el plan de ahogar el instituto para que pierda fuerza, y de esa forma cumplir con los pedidos del Ministerio de Economía.
Es que Nicolás Bronzovich, presidente del INTA, asumió el rol con la convicción de dejar un organismo distinto al que agarró, mucho más raquítico.
Los dirigentes del organismo nucleados en una cúpula que incluye también a las entidades ruralistas, universidades y asociaciones técnicas, dieron fin al INTA Amba, preparan cierres masivos de agencias de extensión en Buenos Aires y Córdoba, y acaban de cerrar con éxito un retiro voluntario para sus trabajadores que concluyó con casi 900 solicitantes, de los cuales 377 pedidos ya fueron aceptados.
De no mediar inconvenientes, los demás pedidos también serán aceptados, logrando el sueño de llegar a esos 900 retiros, y de esta forma completar los casi 2 mil puestos de trabajo menos en el INTA, que dejarán espacios vacíos, agencias cerradas y hectáreas en desuso que serán vendidas.
Ese parece ser el trasfondo del cierre del organismo: el INTA está montado sobre tierras valiosísimas donde antes se hacía experimentación y desarrollo rural.
El negocio inmobiliario con tierras fiscales parece ser más deseado que el arraigo y desarrollo del interior del país mediante el agregado de valor en origen.
Al igual que lo sucedido en la Agencia de Extensión Brinkman, en Córdoba, que está a punto de cerrar, un destino similar puede correr el Centro Operativo Experimental (COE) Ángel Gallardo, en Santa Fe, que se encuentra al borde de la parálisis ya que todo el equipo que lo conformaba adhirió al retiro voluntario y en los próximos días dejarán las sillas vacías.
En Santa Fe, los COE son unidades descentralizadas dependientes del Ministerio de Desarrollo Productivo, que actúan como receptores de las problemáticas del sector rural de la región y desarrollan actividades de adaptación tecnológica que favorecen a productores rurales usuarios de esta tecnología. Hay 3 en toda la provincia.
A través de la vinculación con instituciones del ámbito académico y gubernamental, tales como universidades, INTA, ministerios provinciales, entre otras, se llevan a cabo distintas acciones: proyectos, estudios, ensayos, capacitaciones, convenios que generan información, conocimiento y distintos aprendizajes, que potencian el desarrollo de las producciones locales.
En el caso del Ángel Gallardo, esta oficina del organismo atraviesa una situación por demás crítica tras la adhesión al programa de retiro voluntario de los integrantes de su plantel. En este caso, la medida implica la salida de la totalidad del personal propio que sostenía las principales líneas de investigación y comunicación desarrolladas en la unidad.
Con estas desvinculaciones, áreas estratégicas como acuicultura, horticultura sustentable, desarrollo de bioinsumos y comunicación institucional quedan sin continuidad operativa, poniendo en riesgo años de trabajo científico-técnico, vinculación con productores y generación de conocimiento para el territorio.
Esta situación genera preocupación entre trabajadores, productores, instituciones y actores vinculados al sistema científico-tecnológico regional, debido al impacto que podría tener sobre proyectos en ejecución, actividades de transferencia y procesos de innovación que se desarrollaban desde el centro.
Profesionales de larga trayectoria dejan sus funciones. Entre ellos, el referente nacional de acuicultura del INTA, Ariel Belavi.
Actualmente, en la sede permanecerán únicamente cuatro profesionales pertenecientes al CONICET, quienes integran el instituto de doble dependencia con INTA Rafaela.
Sin embargo, estos investigadores no forman parte de la estructura operativa del COE Ángel Gallardo, por lo que la salida del personal propio deja a la unidad sin capacidad para sostener gran parte de sus actividades habituales.
Según se supo hasta ahora, continuará funcionando en el predio la Agencia de Extensión Rural Monte Vera, cuya labor se encuentra orientada a la asistencia y acompañamiento de productores de la región.
El escenario plantea serios interrogantes sobre el futuro del COE Ángel Gallardo, una unidad con una extensa trayectoria en investigación aplicada, desarrollo tecnológico y articulación territorial, que en la última década ha contribuido al fortalecimiento de sistemas productivos sustentables en la provincia de Santa Fe.
La reducción de personal representa un fuerte retroceso para capacidades estratégicas construidas a lo largo de años de inversión pública, trabajo interdisciplinario y vinculación con diversos actores del sector productivo y científico.
De esta forma toma cuerpo otro elemento de festejo para la conducción encabezada por Bronzovich.
Trabajadores que abandonan el organismo, buscarán suerte por otros rumbos, y un centro operativo importante en Argentina y el mundo se parecerá en poco tiempo más en una tapera que en lo que fue.
La foto es desoladora, pero seguro que será solo temporal: en poco tiempo más esas tierras serán vendidas.
Leer: INTA: Misiones consolida 20.000 hectáreas agroforestales
Fuente y foto: Bichos de Campo.















