XVI Bienal Internacional de Arquitectura incluyó temas sociales

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    Respuesta social, participación, sustentabilidad y creatividad fueron centrales en la XVI Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, que fue recorrida por más de 45 mil personas. El viernes 13 de octubre, en la Usina del Arte, concluyó el evento, un maratón cultural que esbozó los nuevos territorios en los que se debate la arquitectura contemporánea.

    Fueron dos semanas en las que se sucedieron más de 35 conferencias y 10 mesas redondas con especialistas llegados de 10 países distintos, un encuentro de Comités Latinoamericanos de Icomos del Siglo XX dedicado al patrimonio industrial; y una exposición de arquitectura y ciudades que superó todas las expectativas, según escribió para Clarín Arquitectura el periodista Migue Jurado. A continuación, Todo Madera seleccionó fragmentos del artículo y cuatro imágenes.

    El ciclo de conferencias abrió el lunes 9 de octubre con la disertación del danés Bjarke Ingels al cierre de la primera jornada. El titular de BIG ofreció una exposición en la que repasó varios de sus proyectos más icónicos hasta mostrar uno reciente sobre ciudades dentro de cúpulas godésicas que serviría para colonizar Marte.

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    La estrella internacional Bjarke Ingels abrió las conferencias magistrales y fue declarado ciudadano ilustre.

    Entre las más de 900 personas que siguieron su charla, la heterodoxia del danés provocó no pocas controversias. Pero, para los que vieron a Bjake como un arquitecto demasiado marketinero y efectista, la Bienal ofreció una conferencia de la más enfática ortodoxia arquitectónica, la del español Juan Herreros, que cerró el ciclo el viernes 13.

    Entre ambos extremos de ese arco ideológico disciplinar se sucedieron otras valiosas disertaciones como las del portugués João Carrilho da Graça, la de los peruanos Barclay & Crousse, o la de los argentinos-catalanes Flores y Prats.

    Desde su nacimiento, hace 32 años, cuando Jorge Glusberg la creó, la Bienal se ofreció como un ámbito de debate abierto, sin temáticas preestablecidas. Esta característica, tan poco usual en otros eventos del mismo tipo, la convirtió en un acontecimiento multifacético y extremadamente diverso. Tal vez uno de sus rasgos salientes que resultan más positivo en la actualidad.

    Así como Bjarke Ingels abrió las puertas a una manera integral de pensar los problemas de la arquitectura, las aproximaciones al contenido social, la sustentabilidad, la construcción y los programas ocuparon un lugar central, tanto en las muestras como en las disertaciones.

    La gran exhibición llegada desde Barcelona, Ciudad Invitada de Honor de la Bienal 2017, así como los disertantes catalanes, vivieron el encuentro con la tensión que significó la posibilidad de una declaración de independencia en su tierra. Conflicto que aún no se resolvió.

    La delegación catalana mostró una fuerte inclinación a valorar obras austeras, vinculadas a contenidos sociales antes que diseños espectaculares. El programa “Barcelona, arquitecturas de una ciudad” que se vio en La Bienal (con ramificaciones en otras locaciones de Buenos Aires) fue creado por el Ayuntamiento de Barcelona y el Institut Ramon Llull, para mostrar los procesos que vivió esa capital en las últimas décadas.

    Los proyectos de la exposición catalana se centraron en el asociacionismo, con ejemplos como la cooperativa de viviendas La Borda, el equipamiento de Fort Pienc, la restauración del Turó de la Rovira, la rehabilitación de la fábrica Fabra i Coats y las viviendas de Torre Júlia.

    En sentido similar, la muestra Think Global, Build Social, promovida por el Goethe-Institut de Argentina y curada por el alemán Andres Lepik, puso en foco la responsabilidad social de la arquitectura mostrando 15 ejemplos de arquitectura socialmente comprometida en regiones poco privilegiadas del Globo.

    En los distintos proyectos de ambas exposiciones se pudo distinguir un patrón que apunta a una suerte de cuestionamiento a la arquitectura espectáculo para dirigir la mirada y el análisis hacia obras y autores que buscan transformar los problemas sociales desde la concepción, la materialidad y el programa.

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    Muestra sobre el taller y proyecto Nido de la Cultura de Josep Ferrando, construido en el Paseo de la Costa de Vicente López como Legado de la Bienal para la ciudad.

    Debate

    El debate de la mesa Think Global, Build Social contó con la presencia del curador de la muestra y los especialistas alemanes Jana Revedin, Markus Vogl (Cátedra Gropius-DAAD) y Martina Baum, invitados a la Argentina por el Servicio Alemán de Intercambio Académico.

    La presencia internacional se manifestó con la llegada de arquitectos y especialistas urbanos. En este último caso se destacó la disertación de la Directora de la Bienal de Burdeos y funcionaria del municipio de Bordeaux, Michèle Laruë-Charlus, quien expuso los ambiciosos planes urbanos de la ciudad francesa.

    Otra presencia gala fue posible gracias a que la asociación Dedalo Minosse, que instituyó un premio que distingue la arquitectura a través de sus autores y de sus promotores, presentó al ganador de la edición 2017, el francés Philippe Prost, por su Memorial of Centenary of World War en Ablain-Saint-Nazaire, Francia. Un enorme óvalo de hormigón y metal centrado en el campo abierto de un viejo cementerio militar.

    En la mesa Ciudades Creativas, otros franceses aportaron visiones contrapuestas del fenómeno urbano. Junto al flamante Secretario de Cultura y Creatividad de la Nación, Andrés Gribnicow, estuvieron los escenógrafos urbanos Jean-Christophe Choblet y Valérie Thomas, además de los arquitectos Stéphanie Bru y Alexandre Theriot.

    Espacios Públicos

    En ese espacio se definieron las nuevas motivaciones para transformar los espacios públicos en lugares vibrantes y útiles para la comunidad. Se alertó sobre el riesgo de convertir a las ciudades en museos, una realidad que recorre las locaciones turísticas del Europa con mucha fuerza.

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    Cueva de Luz, una de las obras del equipo costarricense Entre Nos, ganó un premio en La Bienal.

    Similares reflexiones se oyeron en la mesa sobre Copenhague, a la que asistieron Tina Saaby (asesora de la ciudad de Copenhague), Mikkel A. Thomassen (CEO de Smith Innovation) y Daria Pahhota, del estudio BIG Nueva York. Tanto franceses como daneses coincidieron en que la participación de los vecinos es central para determinar usos y funciones, cuando no para meter mano directa en los diseños.

    Valérie Thomas describió una experiencia realizada en Francia, en la que se realizó un mapa que daba cuenta de los miedos expresados por los vecinos para poder diseñar intervenciones que los solucionen.

    Pahhota se refirió al proyecto urbano Superlinken, un baldío de 800 metros de largo en el barrio más conflictivo de Copenhague, al que se intervino con un collage de objetos característicos de cada una de las nacionalidades de los inmigrantes que pueblan el área.

    Bienal de Arquitectura centrado en temas sociales

    Participación, sustentabilidad, utilidad social y austeridad parecen ser las palabras de moda en el contexto internacional y fueron las que más se escucharon durante la Bienal.

    Arquitectura para qué. Una de las mesas organizadas por el grupo Bienal Lado B, con la presencia de Valeria Matayoshi, Celina Caporossi, Horacio Sardin, Cayetana Mercé y Claudia Faena.

    Sin embargo, también hubo espacio para las expresiones de mayor especificidad profesional. Se puede decir que los grandes “lápices dorados” estuvieron bien representados por Herreros, João Carrilho da Graça, Pablo Katz, Salo Levinas, Oscar González Moix, Marijn Shenk y otros.

    Una aparición especialmente inspiradora fue la de Daniel Weil, arquitecto argentino que lleva treinta años en Londres y es uno de los socios de Pentagram, una de las agencias de diseño y comunicación más importante del mundo.

    Weil ofreció su primera conferencia en la Argentina haciendo un minucioso repaso por toda su producción, que incluye piezas artísticas conceptuales, diseño gráfico, arquitectura y diseño de exhibiciones.

    La amplia variedad de creaciones que constituyen el expertise de Weil sirvieron para motivar al auditorio, mostrando lo amplios que son los límites de la profesión.

    Argentina presente

    Otro momento saliente de la Bienal fue la disertación de Nicolás Campodónico, ganador del Premio ON y el único arquitecto argentino que tuvo su propia conferencia. Campodónico volvió a emocionar con su Capilla en San Bernardo, una obra sustancial y de trascendencia internacional.

    Tiempo y materialidad se mezclan en esta creación que parece superar su contemporaneidad para inscribirse en una suerte de Olimpo de las creaciones que son clásicas en cualquier época y lugar.

    La misma sustancia intemporal transmitió la mezcla de conferencia y conversación que mantuvo Jujo Solsona con Roberto Converti, con motivo de recibir el Gran Premio Bienalba Jorge Glusberg a la trayectoria.

    Con esa tranquilidad coloquial que le es propia, Solsona deleitó al público con sus viejas obras sazonadas con anécdotas y esa visión directa que el gran maestro tiene sobre una disciplina que conoce como pocos. Desde las torres de La Boca, diseñadas junto a Ernesto Katzenstein, hasta sus obras más actuales, la visión de Jujo no dejó de transmitir la esencia del quehacer profesional.

    Mitad catalán y mitad argentino, el equipo de Eva Prats y Ricardo Flores ofreció una pormenorizada explicación de su obra más reciente: la sala Beckett. Encarada como una gran reforma, en lugar de la demolición y construcción a nuevo, demandó un cuidado especial por preservar las huellas de lo casual que impregnaban el teatro y el bar centenarios que atesoraba una larga historia de lo cotidiano.

    Extremos a la vista

    Esta conferencia, casi al final de la semana de debates y disertaciones, vino a mostrar los dos extremos de la arquitecturas contemporáneas, esos que empiezan o terminan con el minuciosos respeto por la memoria que manifiestan Flores & Prats, y la fascinación por lo nuevo y distinto que mostró Bjarke Ingels.

    En las mesas redondas, que tomaron dos mediodías, participaron Alejandra Covello (desarrollos inmobiliarios), Gustavo Menayed (CEO Portland Desarrollos), Pablo Dreizik (Filósofo), Roberto Colombo (Proyecto Popa), Griselda Balián (Estudio BAAG), Ariel Galera (Estudio Galera Arquitectura), Elisa Rocca (Open House), Celina Caporossi, (arquitecta y titular de cátedra de la Universidad Nacional de Córdoba) y Horacio Sardin (arquitecto, titular de cátedra en FADU-UBA).

    Otro formato totalmente nuevo fue el de Lucha Libre, una modalidad de debate intelectual instigado por un árbitro. La modalidad fue desarrollada por Supersudaca en la Bienal de Buenos Aires de 2015, repitió este año y ya fue ensayada en otros encuentros latinoamericanos.

    Fotos: Clarín Arquitectura.

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