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INTA propone estrategia integral para gestión hídrica en el sector agroforestal argentino

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INTA gestión hídrica: Se aborda en el marco del Día Mundial del Agua la propuesta técnica de la Mesa del Agua del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) publicada en 2025. Este espacio institucional realizó un estudio de campo con el mapa de situación y presentó una estrategia institucional de largo plazo que busca reconfigurar la gestión de los recursos hídricos en la Argentina, con foco en el sector agropecuario, principal usuario del agua en el país. En este contexto, Diputados intenta reformar la Ley de Glaciares, lo que pondría en riesgo fuentes de agua dulce, según especialistas. Fuente: ArgentinaForestal.com

El documento elaborado por la Mesa del Agua a requerimiento de los Consejos de Centros Regionales, no sólo analiza el estado actual del recurso, sino que propone una serie de líneas de acción concretas para avanzar hacia un modelo de gestión más eficiente, sostenible y articulado a escala territorial.

La premisa es mejorar el aprovechamiento del agua en la producción requiere acciones simultáneas y coordinadas entre múltiples actores, tanto del sector público como privado, en un contexto de creciente presión sobre el recurso.

Argentina cuenta con una superficie continental de 278 millones de hectáreas. El 70% corresponde a zonas áridas o semiáridas y el 30% a zonas húmedas, subhúmedas con posibilidades de uso agrícola en secano. La oferta del recurso hídrico superficial, expresado como caudal medio anual, es de aproximadamente 26.000 m3.s-1 y con una distribución en el territorio muy heterogénea.

El 85% de este recurso corresponde a la cuenca del Río de la Plata, siendo los ríos Paraguay, Uruguay y Paraná sus afluentes principales. Las provincias áridas y semiáridas cuentan con menos del 18% del total del agua superficial.

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En cuanto al uso del agua subterránea en Argentina, representa un 30% del total de agua utilizada, con una distribución también muy heterogénea tanto en calidad, cantidad y asequibilidad.

De los 42 millones de hectáreas cultivadas en Argentina, 2,1 millones corresponden a producción bajo riego. El 65% de esta superficie se riega a partir de fuentes superficiales y el resto con aguas subterráneas.

De acuerdo con el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (2022), el 83,9% de la población del país está abastecida por sistemas de agua potable por red y el 57,4% dispone de servicios de saneamiento. No obstante, existe una marcada disparidad en los niveles de cobertura de agua potable y saneamiento entre provincias y entre áreas urbanas, periurbanas y rurales.

Se estima que, a nivel nacional, la disponibilidad media de agua potable de red es de 380 litros por habitante y por día, con una variabilidad importante entre regiones y provincias.

El vertido de las aguas residuales sin depurar a los ríos y lagos y la percolación de efluentes de fosas sépticas y redes de alcantarillado mal mantenidas, constituyen una de las principales fuentes de contaminación de las aguas superficiales y subterráneas.

En el ámbito rural son crecientes las producciones animales confinadas (feedlots, cerdos, gallinas), el riego con purines, la disposición de efluentes agroindustriales en lagunas y la aplicación de agroquímicos, donde el impacto sobre el suelo y el agua son motivo de investigación.

El abordaje de la gestión del agua a escala de cuenca conlleva a determinar los balances hidrológicos de los sistemas naturales y las implicancias de los diferentes usos del agua, teniendo en consideración posibles externalidades negativas.

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Un mejor aprovechamiento del agua en la producción requiere acciones simultáneas y coordinadas entre múltiples actores.

En este abordaje integral hay dos aspectos centrales a considerar. Por un lado, la disponibilidad y el acceso al agua superficial están fuertemente influenciados climáticamente y se espera aún una mayor variabilidad en el futuro.

A su vez, el agua subterránea es una alternativa creciente en las actividades productivas y la sostenibilidad en el tiempo también dependerá del balance entre la recarga y la explotación de los acuíferos. Es importante estudiar la integralidad del sistema físico-natural, productivo, social y jurídico a lo largo del tiempo, ya que, como todo sistema, es complejo y dinámico.

Los usos del agua en el sector productivo

Respecto al uso del agua, la Mesa técnica indica que pueden dividirse en usos consuntivos y no consuntivos. El riego, los servicios de agua potable y saneamiento y la industria representan los usos consuntivos principales.

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A nivel mundial, el riego consume aproximadamente el 70% del agua dulce, seguido por el abastecimiento de agua a ciudades, el abrevado de ganado y el uso industrial.

En Argentina el uso del agua dulce es similar al promedio mundial, con un 74% agrícola-ganadero, 16% doméstico y 10% industrial.

En Argentina, de los 2,1 millones de hectáreas irrigadas, el 68% de la superficie se ubica en las regiones áridas y semiáridas del país y el 32% restante en las regiones húmedas y subhúmedas.

El 74% de los sistemas o áreas pertenecen o son administradas por el sector público y el 26% por el sector privado. Aunque la superficie bajo riego representa el 5% del área agrícola del país, su participación en el valor de la producción ha oscilado entre 25% y 38% del total.

Según la FAO (2015), hay un gran potencial para incrementar la superficie con riego, ya que podrían alcanzarse 6,2 millones de hectáreas.

La eficiencia global de los sistemas colectivos de riego (distribución, gestión y aplicación) es del orden del 40%. Se estima que hay 412.000 hectáreas que están afectadas, en distintos grados de intensidad, por problemas de salinidad.

Mejorar la eficiencia de riego no sólo implica abordar técnicas de manejo, como la tecnificación del productor o la modernización hacia sistemas colectivos de riego, sino también mejorar la participación de las organizaciones de usuarios y adecuación de las legislaciones vigentes en las provincias.

Uno de los factores de mayor impacto en relación con el acceso al agua es costo de la energía. Existe evidencia de una fuerte electro-dependencia de varias provincias para acceder al agua, en especial las aguas subterráneas.

El agua para usos múltiples y su acceso en cantidad y calidad resulta esencial para la producción, el bienestar de las familias rurales y su arraigo en el territorio. El acceso al agua segura constituye como una de las principales limitantes para los emprendimientos rurales tanto para el consumo doméstico seguro como para la producción y manufacturación de productos a baja escala (ganadería, hortalizas, forestales, frutales y su manufacturación).

En cuanto a la ganadería, el ganado vacuno representa la mayor participación en el consumo de agua en el país, ya que cuenta con 52,9 millones de cabezas. La disponibilidad de pasturas naturales e implantadas y la presencia de humedales abren posibilidades a la expansión e intensificación de la ganadería, que hoy se ve limitada por la variabilidad en la provisión y acceso a las aguadas naturales.

Los usos no consuntivos del agua son la generación eléctrica y la recreación. El mayor potencial de energía hidroeléctrica está asociado a las cuencas del Plata (ríos Bermejo, Paraná y Uruguay) y a las que desaguan en el Atlántico sur (ríos Colorado, Negro, Chubut y Santa Cruz).

En Argentina, las actividades de recreación y turismo se encuentran estrechamente relacionadas con la existencia y disponibilidad de cuerpos de agua. Esto cobra mayor relevancia en las regiones áridas y semiáridas donde los embalses constituyen, además de reservorios de agua para usos consuntivos (consumo humano, riego, industria), en centros de actividad creciente para la navegación, la pesca deportiva y otros deportes.

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El documento propone una serie de líneas de acción concretas para avanzar hacia un modelo de gestión más eficiente, sostenible y articulado a escala territorial.

Reformas legales para ordenar el recurso

Uno de los ejes centrales del planteo es la necesidad de actualizar los marcos normativos vinculados al agua. Desde el INTA advierten que, más allá de la diversidad de situaciones provinciales, existe una demanda generalizada de modernización de los Códigos de Aguas y de adecuación a los Principios Rectores de Políticas Hídricas de la Nación.

Entre las acciones prioritarias se mencionan la creación de autoridades únicas del agua, el fortalecimiento de los controles sobre la perforación de pozos y la explotación de aguas subterráneas, así como la regulación de los vertidos de efluentes en ríos, suelos y napas.

También se plantea la necesidad de establecer cupos de uso por sector y generar normativas que faciliten a los productores la incorporación de tecnologías de riego eficiente. En este proceso, el INTA propone asumir un rol activo en la articulación técnica, integrando equipos interdisciplinarios para acompañar la modernización normativa.

Otro de los pilares de la estrategia es la generación de información confiable. El INTA considera fundamental consolidar sistemas permanentes de inventario y monitoreo de aguas superficiales y subterráneas, con especial atención en estas últimas, históricamente menos estudiadas.

El objetivo es anticipar conflictos por el uso del recurso, prevenir daños ambientales y mejorar la planificación. Para ello, se plantea priorizar las regiones con mayor intensidad de uso actual y aquellas que podrían enfrentar mayores presiones en el futuro.

En este punto, el organismo propone articular con instituciones como la Subsecretaría de Recursos Hídricos, el Instituto Nacional del Agua (INA) y organismos provinciales, aportando además estimaciones sobre el consumo hídrico del sector agrícola y proyecciones a futuro.

Control de calidad: una deuda estructural

El monitoreo de la calidad del agua es señalado como una responsabilidad indelegable del Estado que requiere ser reorganizada y fortalecida. La propuesta sugiere avanzar con esquemas de control en áreas piloto, priorizando aquellas más vulnerables a procesos de contaminación.

En este eje, el INTA plantea contribuir con información técnica sobre el uso del agua en la producción y sus impactos ambientales, además de promover tecnologías que permitan maximizar la eficiencia y reducir externalidades negativas en los sistemas agroalimentarios.

Por otra parte, abordan en el documento técnico la modernización y ampliación de la infraestructura de riego y drenaje es otro componente clave, aunque desde el organismo advierten que no es suficiente por sí sola para garantizar eficiencia.

La estrategia propone que el desarrollo de nuevas infraestructuras esté alineado con los sistemas productivos, los escenarios de disponibilidad hídrica y las capacidades de operación y mantenimiento. También subraya la necesidad de contar con caudales previsibles en cantidad y calidad para planificar el riego de manera efectiva.

El INTA plantea aportar conocimiento en el diseño de sistemas prediales, la estimación de la demanda hídrica de cultivos y la evaluación del desempeño del riego a nivel de finca y cuenca. Además, insiste en incorporar evaluaciones integrales que contemplen aspectos sociales, ambientales y de gestión, evitando repetir errores de experiencias pasadas.

Gestión integrada: agua y suelo como sistema único

Uno de los enfoques más relevantes del documento es la necesidad de avanzar hacia una gestión integrada del agua y el suelo en todo el territorio nacional.

Desde el INTA sostienen que mejorar la eficiencia hídrica en la agricultura no solo aumenta la competitividad frente a otros usos, sino que también reduce el deterioro ambiental, minimizando impactos sobre los suelos y la calidad del agua.

En este sentido, el organismo propone liderar o co-liderar esta línea de acción, en articulación con el INA, universidades y organismos provinciales, promoviendo una visión sistémica que supere los enfoques fragmentados.

Innovación tecnológica

La generación y validación de tecnologías para el manejo sustentable del agua aparece como otro eje estratégico. El documento remarca que no alcanza con incorporar soluciones aisladas, sino que es necesario abordar el sistema en su conjunto para lograr resultados sostenibles en el corto, mediano y largo plazo.

El INTA, junto al INA y las universidades, asume aquí una fuerte responsabilidad para mantener al país alineado con el estado del arte internacional, promoviendo además la vinculación con organismos públicos, asociaciones de productores y consorcios de usuarios del agua.

La estrategia también pone el foco en la gobernanza del recurso. Si bien reconoce la tendencia a transferir responsabilidades hacia organizaciones de usuarios, advierte que esto no debe implicar un retiro del Estado en sus funciones de control.

Por el contrario, plantea la necesidad de fortalecer tanto a las instituciones públicas como a las organizaciones de usuarios, promoviendo modelos de gestión más eficientes, transparentes y equitativos.

En este esquema, el INTA propone acompañar procesos de modernización institucional y contribuir a la construcción de capacidades en todos los niveles.

Formación y capacidades: el factor humano

El fortalecimiento de los recursos humanos es considerado un eje transversal. La propuesta incluye acciones de capacitación, transferencia tecnológica, promoción del asociativismo y desarrollo de programas de formación de grado y posgrado vinculados al sector hídrico.

Asimismo, se destaca la importancia de la cooperación internacional, los intercambios técnicos y la vinculación con organismos de ciencia y gestión del agua a nivel global.

En resumen, la hoja de ruta presentada por la Mesa del Agua del INTA deja en claro que el desafío del agua en la Argentina no es solo técnico, sino también institucional, productivo y territorial.

La articulación entre conocimiento, políticas públicas e innovación aparece como condición indispensable para garantizar un uso sostenible del recurso en un contexto de cambio climático, creciente demanda y tensiones entre distintos usos.

En este escenario, la estrategia del INTA busca posicionar al organismo como un actor clave en la construcción de soluciones que integren producción, ambiente y desarrollo, en línea con los desafíos del siglo XXI.

Leer: Mesa de Carbono: crecen en Argentina los proyectos certificados

Fuentes y fotos: ArgentinaForestal.com

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