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Usan nanofibras de celulosa para fabricar papel y reparar documentos antiguos

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El uso de nanofibras de celulosa se destina a reparar documentos antiguos. Este desarrollo científico argentino genera un producto más transparente, resistente y económico que el importado. Fuente: Nora Bär (El Destape).

Debe haber pocas tecnologías tan efectivas, versátiles y duraderas como el papel.

Según cuenta Alex Keller (en Eureka! Historia de la invención, Editorial Labor, 1975), su creador habría sido Ts’ai Lun (o Cai Lun).

Este prominente eunuco y cortesano de la dinastía Han que en 105 d. C. empezó a producir láminas utilizando tela, corteza de árbol y redes de pesca.

Los secretos sobre su modo de producción se mantuvieron ocultos durante siglos, pero luego la invención llegó a Japón, al mundo árabe y al resto del planeta.

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Y las formas de elaborarlo se fueron mejorando y escalando hasta llegar a hacerlo en grandes cantidades y tamaños.

Permitió la aparición de diarios de gran tirada y la expansión de la industria editorial, que vende millones y millones de ejemplares por año.

Paso del tiempo

Pero a pesar de guardar trazos del pasado remoto para la posteridad, no es inmune al paso del tiempo: los dobleces, la manipulación y a veces simplemente los propios materiales con los que se lo fabrica conspiran para deteriorarlo.

Para afrontar el desafío de preservar valiosos documentos centenarios, un equipo interdisciplinario del Museo Histórico Nacional y el Instituto de Tecnología de Polímeros y Nanotecnología (ITPN, de doble dependencia, UBA/Conicet) está desarrollando un nanopapel bacteriano.

Este nanopapel bacteriano tiene propiedades notables: es muy transparente, finísimo, resistente… y diez veces más económico que el producto tradicional obtenido por métodos químicos e importado de Japón.

Los protagonistas de esta iniciativa son María Laura Foresti, doctora en ingeniería química e investigadora del Conicet en el Instituto de Tecnología de Polímeros y Nanotecnología de la Facultad de Ingeniería de la UBA.

Ana Morales es conservadora y restauradora del Museo Histórico Nacional, y docente de la Universidad Nacional de San Martín.

Y Cristian López Rey está haciendo su doctorado en este tema en la Universidad Nacional de Quilmes bajo la dirección de ambas especialistas.

Biopolímeros

Foresti contó:

– “En el ITPN trabajamos desde hace mucho en biopolímeros, materiales biobasados, almidones, celulosa;

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– “Fundamentalmente, en ‘nanocelulosas’ de origen bacteriano: la producíamos y, si hacía falta, la sabíamos modificar químicamente para su uso en alimentos, en medicina, captura de metales pesados, remediación, pero nunca la habíamos aplicado a restauración;

– “Durante su maestría, Cristian empezó a probar, hizo desarrollos muy innovadores y en 2022 surgió la posibilidad de que hiciera un doctorado codirigido por Ana y por mí”.

Normalmente, la celulosa (materia prima principal del papel) se obtiene de las plantas.

Fuente y foto: El Destape.

Más información en Desarrollo Forestal Digital de diciembre de 2023.

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