(Buenos Aires, 12 de diciembre de 2011). Desarrollo Forestal mantuvo una extensa entrevista exclusiva con el ingeniero agrónomo Gustavo Cetrángolo, quien visitó China entre el 6 y el 21 de octubre. “¿Por qué los chinos se especializan en fábricas (de celulosa) más chicas? Por una cuestión de que tienen una cuenca forestal muy pequeña alrededor de las fábricas (…) Traslademos esta línea de pensamiento frente a nuestras necesidades”, afirmó. «Mi viaje tuvo un carácter exploratorio. No es sencillo moverse en China. La barrera idiomática es importante porque son pocos los empresarios que hablan inglés. Lo que sí, en forma general, Argentina tiene que mirar a China. Tiene que estudiar una forma importante de relacionarse con China. Y los empresarios argentinos tienen que hacer el ejercicio de moverse cada vez más con China, cosa que no es fácil», agregó.
– ¿Cómo surgió tu viaje a China?
– El viaje surgió en base a unas curiosidades que uno tenía ya desde hace unos años, especialmente cuando se abrió en China una fábrica pequeña de celulosa que había hecho la firma An Hoa Paper, bajo un liderazgo sueco pero con tecnología de distintos países. Es una fábrica de 130.000 toneladas de celulosa kraft blanqueada por año, liderada por el grupo Elof Hansson. Mi viaje tuvo un carácter exploratorio. No es sencillo moverse en China. La barrera idiomática es importante porque son pocos los empresarios que hablan inglés. Lo que sí, en forma general, Argentina tiene que mirar a China. Tiene que estudiar una forma importante de relacionarse con China. Y los empresarios argentinos tienen que hacer el ejercicio de moverse cada vez más con China, cosa que no es fácil. Ellos están desarrollando su mercado interno, por lo cual hay para ofrecerle cosas a China. Pero habrá que tener presencia en China. Tienen un trato que, si uno pudiera suprimir la barrera idiomática, es bastante fluido. Tal vez sea más fácil que con Japón.
– ¿También tiene que ver con el cambio que han tenido en el sector foresto industrial en los últimos quince años?
– Sí, sí. A partir de eso entré en curiosidad de ver cómo fue desarrollando la tecnología de industrialización china en el sector forestal. Porque implicaba una mirada distinta, que era una mirada orientada inicialmente a abastecer su mercado doméstico de papeles, con recursos forestales escasísimos y con una crisis muy grande de recursos que ha generado problemas de erosión e inundaciones muy grandes en China. Entonces empecé a buscar información, conté con el apoyo de la Embajada argentina en Beijing, que me facilitó la organización de distintas reuniones.
– En una palabra, fue una iniciativa tuya.
– Sí, fue una iniciativa mía con interés en explorar la situación en China. Sin un objetivo muy específico, sino para introducirme en un país al que considero emergente, pero tal vez también sea emergente su hegemonía a nivel mundial. Cada vez tiene más peso a nivel mundial, especialmente después de la crisis que se reinició en Europa recientemente con el problema de deuda de Grecia.
– O sea, fuiste a ver cómo la industria china podía ser aplicable al desarrollo de nuestro país.
– Sí. Y los criterios que ellos aplicaron para resolver sus problemas domésticos y de satisfacción de su consumo. Cómo eso podía generar otra mirada con respecto a las líneas que manejamos los técnicos en Argentina, más orientadas a copiar lo que hacen Brasil y Uruguay.
– El año pasado Desarrollo Forestal publicó una carta abierta tuya en la que se destacaba el hecho de que nos tenemos que empezar a mirar para adentro y ver cuáles son nuestros errores, porque el sector no se desarrolla.
– Exactamente. Yo siempre creo que hay que mirar tres cosas: los recursos de materia prima que uno tiene, la tecnología y el mercado. Y en base a eso tomar decisiones, que son singulares. Buscar una solución genérica y después querer bajarla a nivel local, no ha dado resultado un los últimos diez o quince años, especialmente en el sector de la industria celulósica papelera.
– Pareciera que en cuanto a mano obra ocupada, atomización de industria y demás el sector argentino está mejor posicionado que Uruguay y que Chile. En cuanto a sector forestal en general, a industria y a mano de obra ocupada.
– Exactamente, porque tiene un modelo de un mercado interno muy fuerte, lo que hace que sea haya desarrollado en función de ese modelo. Tradicionalmente, es un sustituidor de importaciones. Nosotros llegamos finalmente a dominar el mercado doméstico con el pino después de haber tenido tres olas importantes de importación: la primera, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX con la importación de la famosa pino tea del Báltico y del sudeste de Estados Unidos; después vino la araucaria de Brasil durante muchos y la última ola comenzó en los setenta con la importación de pino radiata de Chile. Finalmente, al final de los ochenta se impuso el pino argentino y desplazó a cualquier importación, e incluso se transformó en exportador. Ésa es la historia del sector, con un fuerte uso en el mercado doméstico.
– Una vez hecho este resumen, ¿cómo fue la experiencia en China? Visitaste empresas celulósicas papeleras y también industrias de paneles.
– Estuve en fabricantes de máquinas para paneles y ahora voy a explicar por qué. En el sector celulósico estuve en dos empresas que fabrican en una forma bastante heterodoxa para lo que nosotros estamos acostumbrados. Una es Bohui Paper, en la provincia de Shandong, que es importadora de chips de acacia y eucaliptus, y produce forestaciones de álamo. Tienen un muy buen álamo y hacen tala rasa a los seis años para abastecer la fábrica de celulosa. Tienen también una fuerte importación de recortes de papel de Estados Unidos, y también usan una fibra que en Argentina se conoce como Arundo donax o Caña de Castilla. Vemos que tienen un espectro bastante heterogéneo de materias primas para una sola industria y, a su vez, tienen distintos tipos de procesos: quimio-termo-mecánico y también química de kraft. Y sobre eso están integrados en celulosa y en papel. El producto que ellos venden es papel. Esas industrias tienen, a su vez, centrales térmicas, esto es lo impresionante. Bohui Paper debe ser una empresa en la que yo he recorrido 400 o 500 hectáreas de planta fabril donde hay tres químicas, cuatro fábricas de papel, tres de celulosa y una central térmica a carbón de 600 megavatios para abastecer a todo ese complejo. Esta empresa es privada, china y no tiene una antigüedad mayor a 20 años. Esto nos muestra el desarrollo que está teniendo esta economía que se autodefine como “la fábrica del mundo”.
– ¿Qué capacidad tiene esta empresa?
– En total, más de 1,3 millones de toneladas. Pero son varias fábricas, tanto de celulosa como de papel. Tiene desde una fábrica kraft de 100.000 toneladas por año de celulosa, más las importaciones de recorte de papel que hacen. Y tiene más de una fábrica con proceso quimio-termo-mecánico.
– Si se lo traslada al mercado argentino se puede decir que no necesariamente tiene que haber una empresa tremendamente grande para abastecer papel, sino que puede haber industrias papeleras chicas por zonas…
– …exactamente. Si nosotros analizamos el mercado argentino, sobre 1 millón de toneladas de papel se importan unas 200.000 toneladas de papel kraft liner –que es el papel marrón para embalajes- y 300.000 toneladas de papel de escribir recubierto, que se llama encapado. Pensar en tener dos fábricas de ese tamaño integradas en celulosa y papel no son escalas pequeñas. Porque una máquina de papel para 200.000 toneladas por año, no es la más grande del mundo, pero está a niveles de escala internacional. Lo que no estaría en escala es la fábrica de celulosa que abastece en forma integral a esta parte; nosotros estamos siempre en la visión de 1 millón o 1,5 millones de toneladas. Ellos han logrado hacer un mix de tecnología entre lo que son los equipamientos críticos de Europa –que son básicamente Andritz y Metso- con toda la maquinaria de servicios de la empresa de origen chino. Y esto los ha llevado a que hoy una fábrica de celulosa de este tipo en China esté en los US$ 1.100 de inversión por tonelada de pulpa instalada. Quiere decir que una fábrica de 100.000 toneladas cuesta US$ 110 millones, cifras considerablemente más bajas a las que nosotros estamos acostumbrados. Entendamos que este costo no es trasladable a la Argentina porque es un costo chino.
Foto: Gentileza Gustavo Cetrángolo ((gcetrang@fibertel.com.ar y www.negociosforestales.com.ar).
Más información en Desarrollo Forestal impreso de noviembre (Año XXI, número 201).






















