Un estudio publicado en la revista Nature Communications concluye que una estrategia de uso en cascada de la madera —en la que cada pieza se reutiliza múltiples veces antes de su disposición final— podría contribuir significativamente a la neutralidad climática global para 2050, informó Notifix
La investigación, liderada por científicos del Potsdam Institute for Climate Impact Research (PIK) de Alemania, cuantifica por primera vez el potencial combinado de los productos de madera como almacén de carbono y como sustituto de materiales con alta huella de emisiones. El concepto de uso en cascada no es nuevo, pero el estudio aporta por primera vez un modelo cuantitativo global.
La idea central es sencilla: un tronco que se convierte en madera estructural para construcción almacena carbono durante décadas. Cuando el edificio se desmonta, esa madera puede reciclarse en tableros de partículas. Cuando los tableros llegan al final de su vida útil, la biomasa residual puede utilizarse para generación de energía, reemplazando combustibles fósiles. En cada etapa, la madera cumple una función económica al tiempo que mantiene el carbono fuera de la atmósfera.
Solo al final del ciclo —cuando se quema para energía o se descompone— el carbono regresa al ciclo atmosférico, pero para entonces ha desplazado emisiones de otros materiales y combustibles durante 50 a 80 años. Los investigadores del PIK modelaron escenarios globales de uso de madera bajo diferentes estrategias. Los resultados principales son contundentes:
– Uso en cascada optimizado: Si todos los países adoptaran políticas que favorezcan la reutilización y el reciclaje de productos de madera, el almacenamiento neto de carbono en productos madereros podría aumentar un 40% respecto al escenario tendencial para 2050.
– Sustitución de materiales: Cada metro cúbico de madera utilizado en construcción en lugar de hormigón o acero evita, en promedio, entre 0,9 y 1,1 toneladas de CO₂ equivalente. A escala global, esto representa un potencial de mitigación de hasta 2,1 gigatoneladas de CO₂ anuales para mediados de siglo.

– Comparación con BECCS: La bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS), una tecnología frecuentemente citada en los escenarios del IPCC, requiere enormes inversiones en infraestructura y tierras dedicadas a cultivos energéticos. El estudio demuestra que el uso en cascada logra entre el 60% y el 75% del beneficio climático del BECCS, pero con tecnologías existentes y sin necesidad de nueva infraestructura a gran escala.
“El mensaje para los responsables de políticas públicas es claro: antes de quemar la madera para generar energía, hay que usarla tantas veces como sea posible en productos de larga vida útil. Cada año adicional que el carbono permanece almacenado en un producto tiene valor climático”, afirmó la Dra. Galina Churkina, coautora del estudio y experta en ciclo del carbono del PIK.
El estudio refuerza el argumento a favor de la construcción con madera masiva (CLT, glulam, LVL), un sector que ha crecido un 15% anual en Europa durante los últimos cinco años. Edificios de madera de hasta 20 pisos ya son una realidad en países como Noruega, Suecia, Canadá y Australia. Cada uno de estos edificios funciona como un “banco de carbono”: almacena toneladas de CO₂ que, en un escenario convencional, habrían sido emitidas durante la producción de acero y cemento. La clave, según los autores, está en diseñar desde el inicio para el desmontaje.
Si las uniones son mecánicas (tornillos, conectores) en lugar de químicas (adhesivos), los elementos estructurales pueden recuperarse al final de la vida del edificio y destinarse a un segundo uso. Este principio de “diseño para la reutilización” ya está incorporado en normativas de construcción de Finlandia y Países Bajos. América latina posee una ventaja competitiva natural: grandes extensiones de plantaciones forestales de rápido crecimiento (pino y eucalipto), con ciclos de cosecha de 15 a 25 años. Brasil, Chile, Uruguay y Argentina tienen la base forestal para convertirse en proveedores netos de madera para construcción y productos de larga vida útil.
Sin embargo, el estudio advierte que el beneficio climático solo se materializa si la madera proviene de bosques gestionados de forma sostenible y si se establece la infraestructura de reciclaje necesaria para cerrar el ciclo de cascada. “Más madera no es automáticamente mejor para el clima. Más madera bien gestionada y utilizada en cascada, sí lo es”, precisó Churkina.
El estudio se alinea con los objetivos del Acuerdo de París y el Pacto Verde Europeo, que buscan la neutralidad climática para mediados de siglo. Los autores recomiendan tres políticas concretas: incentivos fiscales para la construcción en madera, regulación que priorice el reciclaje de madera sobre su incineración directa, y estándares de certificación que verifiquen el uso en cascada a lo largo de la cadena de valor.
Para la industria maderera global, el mensaje es estratégico: la madera no es solo un material de construcción. Es una herramienta climática, y su valor aumenta cada vez que se reutiliza.
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Fuente: Notifix












