Hecho en Argentina: el por qué y el cómo de un Museo del Diseño y de la Industria

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Reciente exhibición de los productos del Museo en FIMAR Buenos Aires. En primer plano, Silla BKF.FINReciente exhibición de los productos del Museo en FIMAR Buenos Aires. En primer plano Silla BKF

*por Paolo I. G. Bergomi

El objetivo de organizar un museo del producto industrial argentino es un proyecto nacido de la necesidad de preservar y desarrollar la puesta en valor de la cultura material del producto como factor de rescate de las capacidades del saber proyectar y producir de nuestros emprendedores. Puesta en valor de la cultura de la producción nacional.

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“Elementos de oficio y de ámbito de trabajo fueron los factores que organizaron nuestra industria naciente”, explicó Paolo Bergomi.

El trabajo, el oficio, el arte, el taller, la producción, el diseño, el objeto, el material, la forma, la técnica, el uso y el consumo, el progreso y el éxito, serán, en lo sucesivo, los elementos, y no todos aún, que armónicamente entrelazados y desarrollados darán consistencia a la estructura de una iniciativa de esta características. Juntamente con la capacidad de recordar y actualizar la vida social y personal, material y proyectual, económica y productiva del producto argentino.

Para valorar estas condiciones se deberá hablar de una historia para recordar y una civilización para conservar.

El primer elemento a tener en cuenta es el reconocimiento de una cultura del trabajo nacida en las corrientes migratorias llegadas al país con el aporte de sus capacidades y características, con exigencias acuciantes de instalarse y definir atávicamente su territorio. Para ellos, sus oficios se convirtieron en pacíficas armas de defensa y conquista. Nunca como entonces se vio la lucha de las tradiciones y los oficios incorporados como factores de supervivencia y permanencia.

En el tránsito al progreso, no siempre verificable, el artesano, casi en solitario, deja paso a la figura del jefe del taller. Transmitiendo sus enseñanzas en forma casi inmediata a sus colaboradores y familiares, ya en cada caso acriollados y nacidos en el lugar. Desarrolla con el tiempo una concepción del trabajo adaptada a los hombres y medios disponibles, digna en su gestión, tenaz y rentable, en la medida que los sistemas político-económicos de turno lo fueron permitiendo.

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La realidad argentina privilegió el camino al pequeño emprendedor, no en oposición a un sistema industrial todavía no inventado. Esa figura era la que mejor se adecuaba a las características ambientales, humanas y colectivas de una sociedad, apoyada entonces justamente sobre los grandes valores del trabajo y de la familia y sobre un sentido ajustado de la propiedad. Bajo estas premisas se lograron las primeras formas de bienestar económico en el cual construir espacios existenciales adecuados y de los cuales sentirse además celosos custodios.

Elementos de oficio y de ámbito de trabajo fueron los factores que organizaron nuestra industria naciente.

Oficios, entendidos no como simples trabajos en sí mismos, sino como transformación en especializaciones, de las cuales poder sentirse dueños absolutos y a las cuales poder confiar la suerte de las comunidades involucradas. Oficios que definieron estilos de vida antes que de producción. Especializaciones que extrajeron a esas iniciativas de la cadena de producción adoptando en su lugar, una cadena de funciones, de modos, de habilidades de construir y de especializarse que llevaron a hacer funcionar la cabeza para inventar y diseñar, y mover con capacidad las manos para producir y para realizar.

Ambientes, como lugares de integración de trabajos y oficios. Su importancia en este tipo de economía y de vida ha resultado tan evidente que se puede decir que la historia de nuestros emprendedores es sobre todo una historia de talleres, con dimensiones, en principio absolutamente domésticas. Y luego, a través de primitivas formas de microempresa, para progresar inestablemente, a las de pequeña y media. Ambientes en cierta manera fortificados, que parecen haber desarrollado una especial capacidad de supervivencia para enfrentar los períodos imposibles.

Claramente estas condiciones y resultados generaron la masa crítica de la civilización productiva del país. Aquélla que el proyecto del Museo busca reconocer y poner en justo valor, no como una anécdota arqueológica sino como cimiento de la cultura material necesaria y exigida por la modernidad para instalar en forma definida nuestra propia identidad y su futuro.

Objetivos

Los objetivos del Museo son bucear en la historia pasada y reciente del producto y rescatar a través de él a todos los actores y a su escenografía, dándole al observador, sea docta o novata, la ocasión de elaborar su propia lectura y sus propias conclusiones.

Mobiliario, equipamiento, juegos de cubiertos, tocadiscos, máquinas fotográficas, ventiladores, vajilla, indumentaria, impresos, luminarias, juguetes, vehículos, entre múltiples otros referentes de la cotidianeidad, sirven a los efectos enunciados.

* Paolo I. G. Bergomi es director del Museo del Diseño y de la Industria “Hecho en Argentina”. Preside ALADI, la Asociación Latinoamericana de Diseño.

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